Precios orientados a costes
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Uno de los aspectos más importantes de la regulación de telecomunicaciones, y más concretamente de la regulación europea, ha sido la de imponer determinadas obligaciones a los operadores dominantes (o con poder significativo de mercado) al objeto de garantizar entre otros la transparencia (pe. separación contable y una contabilidad de costes adecuada, publicación de OIR), un trato no discriminatorio (pe. publicación de una OIR), y la orientación de costes en la fijación de precios minoristas y mayoristas donde la competencia aún no sea efectiva.
En el primer paquete de Directivas comunitario de los años 1997-98 (que fue revisado por las Directivas de 2002) y más en concreto en la Directiva 97/33 de interconexión, se establecía que los reguladores deberían de garantizar que los operadores con poder significativo deberían aplicar los principios de transparencia y orientación a costes en los precios de interconexión. Asimismo se establecía que los precios deberían derivarse de los costes reales, incluyendo una tasa razonable de retorno de la inversión, siendo la carga de la prueba del operador que ofrece la interconexión.
El principio de orientación a costes implica que el precio cargado por la provisión de un servicio debería reflejar los costes incurridos en la provisión de tal servicio. Por tanto en el cálculo de los precios de interconexión es necesario analizar la forma en la que la demanda de interconexión a una red implica para el operador de dicha red unos costes derivados.
La aplicación práctica del principio de orientación a costes requiere que el operador regulado disponga de separación de cuentas y un sistema contable adecuado que permita calcular unos precios de interconexión desde la óptica de un operador eficiente que pudiera competir en un mercado plenamente competitivo. A estos efectos la Comisión Europea ha recomendado el empleo del estándar de costes forward-looking long-run average incremental cost (FL-LRAIC) .
La cuestión esencial en la provisión de precios orientados a costes es evitar que el operador regulado que publica la OIR pueda pasar sus propias ineficiencias a los demás operadores, a través de unos precios de interconexión superiores a los que un mercado competitivo debería tener.
La aplicación estricta de la orientación a costes es un principio sin duda necesario en las primeras etapas de la liberalización, cuando el operador regulado controla prácticamente todo el mercado. Así el primer paquete de Directivas europeas la imposición de la orientación a costes era muy clara.
Sin embargo, la evolución de la liberalización ha demostrado que si bien la orientación a costes resulta en precios de interconexión atractivos para los nuevos entrantes, es deseable que después de una primera introducción en el mercado, los nuevos entrantes sigan invirtiendo al objeto de promover la eficiencia y la competencia sostenible. Por ello el nuevo paquete de Directivas comunitarias permite matizar el principio de orientación a costes promoviendo al mismo tiempo la inversión eficiente en infraestructuras y la competencia sostenible.
1. Red de acceso y resto de red
Una buena comprensión del concepto de coste incremental toma plena vigencia al analizar qué partes de la red deben contribuir a los costes de interconexión y qué elementos pueden quedar fuera.
Se denomina red de acceso a esta parte de la red cuyo dimensionado no depende del tráfico cursado y su coste no es por tanto sensible al tráfico, mientras que el resto de red se dimensiona sobre la base de la demanda de tráfico. En cualquier cálculo de costes de interconexión será crucial la delimitación de la red de acceso y la red sensible al tráfico porque, como ya se ha dicho, no se asignan costes de la red de acceso a los servicios de interconexión.
2. Contabilidad de costes
La regulación viene normalmente a imponer a los operadores con poder significativo de mercado (PSM) obligaciones de implementación de una contabilidad de costes y de separación contable por razones de transparencia y para permitir el cálculo de tarifas o precios orientados a costes. Sin embargo el concepto de “coste” tiene distintas dimensiones.
2.1. Modelo top-down frente a modelo bottom-up
Cuando se construyen modelos de costes se pueden realizar desde dos perspectivas o metodologías diferentes: la que se denomina comúnmente como top-down (de-arriba-a-abajo) o la denominada como bottom-up (de-abajo-a-arriba).
- La metodología top-down parte de los datos de la contabilidad financiera de la compañía y adapta la base de cálculo hacia el estándar de costes elegido (contabilidades de costes regulatorias).
- La metodología bottom-up desarrolla un modelo de costes a partir de la demanda esperada en términos de abonados y volúmenes de tráfico.
Bajo las mismas premisas, los modelos top-down y bottom-up deberían llegar a los mismos resultados. Sin embargo, en la práctica las asunciones tomadas nunca son idénticas, haciendo la conciliación entre ambos modelos muy difícil.
2.2. Bases de costes: costes históricos, costes corrientes o costes futuros
En el pasado la mayoría de los modelos de costes estaban basados en la contabilidad de costes históricos (historic cost accounting HCA). Estos modelos utilizan la información histórica suministrada por la contabilidad financiera. Sin embargo tales modelos adolecen de los siguientes inconvenientes:
- No tienen en cuenta la evolución de los costes de adquisición de activos.
- Las cuentas históricas no incorporan tampoco el impacto de continuas mejoras en las tecnologías.
- La HCA en tanto en cuanto que mira al pasado, refleja todas las ineficiencias (tanto de procesos como de organización) que resulten de las decisiones tomadas en el pasado por el operador.
A causa de las distorsiones inherentes que la HCA provocaba en la decisión de ‘construir o comprar interconexión’, se introdujo la contabilidad de costes corrientes (CCA) en los modelos top-down. La CCA se ajusta más a proporcionar costes más acordes con la formación de los precios en un mercado competitivo. La CCA tiene en cuenta los costes que habrían sido incurridos en el pasado para construir o implementar una red pero utilizando la tecnología presente ó “corriente”. Esto implica que todos los recursos han de ser revalorizados a sus costes corrientes o actuales y que, para aquellos activos que ya no estén disponibles en el mercado (pe. porque están obsoletos), se empleará la metodología del activo equivalente moderno ó “modern equivalent asset (MEA)”. Teóricamente, la CCA lleva también al empleo de factores de eficiencia para reflejar el impacto de la nueva tecnología en las operaciones. Por tanto, la utilización de una base de costes CCA abordaría las deficiencias listadas previamente para la HCA.
En el cálculo de los costes corrientes CCA es muy importante la valoración de los activos y, en particular, la aplicación a un determinado activo de su coste actual si se reemplazase hoy por otro idéntico. Sin embargo, y en especial en este campo donde las tecnologías cambian tan rápidamente, el activo existente no suele ser reemplazable de manera idéntica (pe. porque ya no se manufactura así). En este caso es necesario calcular el valor del activo equivalente moderno ó modern equivalent asset (MEA), que es el valor de un activo con el mismo nivel de capacidad y funcionalidad al del activo existente. Sin embargo, como se puede suponer, ello no está exento de complejidad ya que las tecnologías más modernas tienen en la práctica menores costes y mayores eficiencias funcionales.
Además de sobre las bases reales de costes históricos HCA o costes corrientes CCA, los precios de interconexión pueden ser determinados utilizando costes futuros o como se les conoce en terminología inglesa forward-looking costs (FLC). El objetivo habitual de los modelos forward-looking es tratar de neutralizar el impacto de la diferencia entre el año de la contabilidad de costes disponible y el año en el que los precios de interconexión han de ser aplicados, mediante la modelización de los costes reales (normalmente corrientes) proyectándolos para los próximos dos o tres años y aplicándolos sobre los volúmenes previstos. Sin embargo los modelos que utilizan costes forward-looking tienen un gran inconveniente: están basados en previsiones y, por tanto, son muy dependientes del error cometido en las asunciones realizadas.
2.3. Estándares de costes
En función del objetivo y del punto de vista de la compañía que implementa el modelo de contabilidad de costes, se podrán utilizar diferentes métodos para la valoración de los costes de los servicios producidos. Los estándares de coste se diferencian entre sí por el alcance y el tipo de costes que son tenidos en cuenta. La implementación de un estándar de costes concreto tendrá un impacto significativo sobre la valoración de los costes de un servicio y, por tanto en el contexto de los precios orientados a costes.
2.3.1. Categorías de costes
En el contexto que nos ocupa las categorías de costes son tipos de costes diferenciados en función de su relación con los cambios que se produzcan en el volumen de productos y servicios ofrecidos por el operador. En primer lugar, para producir productos y servicios, los operadores incurren en costes fijos (independientes del nivel de producción) y costes variables (su cuantía depende de los volúmenes de producción). La consideración de los costes como fijos depende en la mayor parte de las organizaciones del horizonte temporal que se considere, puesto que en el largo plazo todos los costes son variables.
Cuando una organización presta más de un servicio pueden diferenciarse las siguientes categorías de coste:
- costes directamente atribuibles (directly attributable costs) son aquellos costes que tienen una relación directa y unívoca con un producto o servicio.
- costes indirectamente atribuibles (indirectly attributable costs) son aquellos costes que pueden ser repartidos entre productos o servicios mediante un método de reparto no arbitrario en base a la relación de causalidad de modo indirecto.
- costes no atribuibles (unattributable costs) son costes atribuibles solamente de forma arbitraria; estos costes generalmente incluyen algunos costes comunes tales como los costes corporativos (alta dirección, etc.).
- costes hundidos (sunk costs). La distinción entre costes fijos y costes hundidos estriba en el hecho de que los primeros son irrecuperables a corto plazo; el aspecto clave es definir el concepto de “corto plazo” y cuánto dura el compromiso de la inversión, comparado con la escala de tiempo de la competencia del producto. Los costes hundidos o irrecuperables son aquellos costes de inversión que producen una corriente de beneficios hasta un horizonte lejano pero que no pueden recuperarse.
- costes conjuntos/compartidos (joint/shared costs) son los costes compartidos en la producción de un grupo de productos o servicios y que no pueden ser directamente atribuidos a ninguno de los servicios (pe. la fibra óptica en la red de transporte es compartida por los servicios telefónicos, de datos o de líneas alquiladas y no puede ser directamente atribuida a ninguno de los servicios).
- costes comunes (common costs) son los costes comunes a diferentes productos o servicios del operador; hay costes comunes variables y fijos (pe. las ubicaciones y edificios o las canalizaciones utilizadas tanto en el acceso como en la red troncal o los costes corporativos)
Los costes comunes y conjuntos pueden representar una proporción significativa de los costes de un operador incumbente (con poder significativo de mercado) y en la medida de lo posible se deberá tratar de atribuirlos de forma directa o indirecta. Los costes conjuntos y comunes para los que no pueda identificarse ningún método causal de reparto se denominan residuales y por tanto son costes no atribuibles. No obstante, su exclusión de la base de costes podría llevar a impedir la recuperación de todos los costes al operador incumbente.
De hecho, por ejemplo, la Comisión Europea ha establecido que un estándar de costes incrementales LRIC (que expondremos más adelante) podría necesitar emplear subidas adicionales de los costes “mark-ups” como forma de recuperar los costes comunes y conjuntos residuales de un operador eficiente, tal y como ocurriría en condiciones de competencia.
2.3.2. Estándares de costes
1. Costes distribuidos totales, conocidos también por la terminología inglesa Fully Distributed Costs (FDC) o Fully Allocated Costs (FAC). En este estándar los costes de un servicio (o producto) dado se componen de costes directos variables (direct volume-sensitive costs), costes directos fijos (direct fixed costs) y una parte de los costes conjuntos y los costes comunes residuales. Habitualmente la proporción de los costes conjuntos y comunes residuales se atribuye en base a causalidad, aunque siempre existe cierto grado de arbitrariedad en el conjunto de las reglas de asignación.
2. Costes individuales, en inglés Stand-alone Costs (SAC), es un estándar de costes que mide el coste de provisión de un servicio ó producto de forma asilada de los otros servicios del operador o compañía. El estándar SAC incluye todos los costes directamente atribuibles y todos los costes compartidos relacionados con la producción de servicio ó producto, incluyendo por tanto los costes variables, los costes fijos, los costes comunes y los costes hundidos. Mediante este método de asignación, los costes compartidos son totalmente atribuidos al producto/servicio que es provisto de forma aislada.
El estándar SAC no conduce a la eficiencia económica cuando se utiliza para las decisiones sobre formación de precios y asignación de recursos. Los clientes de un servicio/producto individual asumen la carga total de costes de los recursos que están siendo empleados también para la producción de otros servicios/productos, provocando por tanto discriminación de costes entre productos/servicios y, por tanto, también entre los clientes.
3. Costes directos incorporados, en inglés Embedded Direct Costs (EDC), considera solamente los costes variables directa e indirectamente atribuibles y los costes fijos. Se trata por tanto de un estándar similar al de costes totalmente distribuidos (FDC), si bien no tiene en cuenta los costes residuales conjuntos y comunes.
4. Los Costes marginales, en inglés Marginal Costs (MC), miden el coste de incrementar la producción en una unidad adicional o, alternativamente, los costes ahorrados por reducir la producción total en una sola unidad, manteniendo los niveles de producción de los demás servicios/productos constantes. Esta definición implica que los costes marginales incluyen solamente los costes variables directa e indirectamente atribuibles, excluyendo todas las categorías de coste que o bien no tienen una relación causal con un cambio unitario en la producción o bien que no varían con el volumen de producción.
El estándar MC es difícil de implementar porque los costes generados por un cambio unitario de producción son difícilmente cuantificables, principalmente debido a que la división entre trabajo y capital nunca es perfecta. Más aún, los costes conjuntos y comunes residuales no son contemplados y tendrán que ser tenidos en cuenta al establecer el “mark-up”.
5. Los Costes incrementales (Incremental Costs - IC) son los costes causados por la provisión de un incremento definido de la producción a partir de un cierto nivel de producción determinado (que podría ser cero). De forma equivalente, los costes incrementales son aquellos costes que pueden ser evitados o ahorrados por no proporcionar el incremento en la producción. Cuando el incremento es una unidad de producción, los costes incrementales coinciden con los costes marginales.
En el estándar de IC se incorporan todos los costes variables y aquellos costes fijos relacionados con un cambio incremental de la producción del servicio, es decir, los costes directa o indirectamente atribuibles. Aunque en el corto plazo el coste incremental está limitado por la capacidad instalada de la planta, en el largo plazo los costes de capital se consideran variables y se incorporan a los costes incrementales utilizando principios de costes basados en el capital disponible.
Como resultado de dividir el coste incremental total entre el número de unidades que constituyen el incremento, se obtienen los costes incrementales medios a largo plazo conocidos como LRAIC (long-run averaged incremental costs). Al igual que el resto de estándares de costes incrementales, LRAIC es un buen indicador para la toma de decisiones en mercados en competencia.
Uno de los problemas de los estándares de costes incrementales es que presuponen que la red es totalmente optimizada y eficiente, ignorando los costes residuales conjuntos y comunes que no son atribuibles al incremento de la producción considerado. Por ello, sería necesario incorporarlos con objeto de asegurar la viabilidad financiera de la compañía, lo cual suele llevarse a cabo mediante el establecimiento de un margen adicional o mark-up.

